Incendios y catástrofes naturales: ¿estamos realmente preparados para todo lo que podemos perder?

Los grandes incendios que están afectando a distintos países europeos están dejando una conclusión cada vez más clara: el impacto económico de una catástrofe puede ser muy superior a la cantidad que finalmente está asegurada.

La actual temporada de incendios en Europa está provocando daños importantes en viviendas, empresas e infraestructuras, además de evacuaciones, interrupciones de actividad, problemas en cadenas de suministro y cortes de servicios. En Francia, las pérdidas totales podrían alcanzar entre 10.000 y 15.000 millones de euros, mientras que solo una parte de ese importe estaría cubierta por seguros.

Este problema tiene un nombre: brecha de protección aseguradora.

Se trata de la diferencia entre todo lo que económicamente se pierde después de una catástrofe y la parte de esa pérdida que realmente está cubierta por un seguro.

En Europa, históricamente solo alrededor de una cuarta parte de las pérdidas derivadas de fenómenos climáticos extremos ha estado asegurada. EIOPA y el Banco Central Europeo advierten de que esta brecha puede aumentar a medida que las catástrofes naturales sean más frecuentes y severas.

Un incendio puede provocar mucho más que daños materiales

Cuando pensamos en un incendio es normal imaginar una vivienda destruida, una nave afectada o una maquinaria dañada.

Pero la pérdida real puede ser mucho mayor.

Para una familia, un siniestro grave puede afectar a la vivienda, el contenido, los vehículos, los gastos necesarios para alojarse temporalmente en otro lugar o incluso al patrimonio acumulado durante años.

Para una empresa, las consecuencias pueden extenderse mucho más allá de los daños físicos:

  • paralización de la actividad;
  • pérdida de ventas;
  • gastos extraordinarios;
  • maquinaria o mercancías destruidas;
  • imposibilidad de acceder a las instalaciones;
  • interrupción de suministros;
  • problemas con proveedores;
  • retrasos con clientes;
  • y pérdida de beneficios mientras se recupera la actividad.

Los incendios europeos de este verano ya están generando reclamaciones relacionadas no solo con daños a viviendas y empresas, sino también con evacuaciones, interrupciones de negocio, problemas en la cadena de suministro y cortes de servicios.

Y aquí aparece una cuestión fundamental:

Tener un seguro no significa necesariamente estar bien asegurado.

¿Qué puede fallar aunque tengamos una póliza?

Una póliza puede estar contratada correctamente desde el punto de vista formal y, sin embargo, resultar insuficiente cuando se produce un siniestro importante.

Algunos de los problemas más habituales pueden ser:

  • capitales asegurados inferiores al valor real de los bienes;
  • maquinaria o existencias infravaloradas;
  • límites insuficientes;
  • coberturas que no contemplan determinados daños;
  • pérdida de beneficios mal calculada;
  • periodos de indemnización demasiado cortos;
  • franquicias elevadas;
  • exclusiones desconocidas;
  • o dependencias críticas de proveedores y clientes que nunca se han analizado.

Por eso, el verdadero análisis no debería comenzar preguntando únicamente:

“¿Qué pólizas tengo?”

Sino:

“¿Qué podría perder realmente si mañana ocurre un siniestro grave?”

Qué implica la gerencia de riesgos?

Para empresas: primero hay que conocer el riesgo

Desde la gerencia de riesgos, el seguro es solo una parte de la solución.

Antes de decidir qué coberturas contratar, una empresa debería identificar cuáles son sus principales exposiciones y qué consecuencias tendría que alguno de esos riesgos se materializara.

Por ejemplo:

¿Qué ocurriría si las instalaciones no pudieran utilizarse durante seis meses?

¿Cuánto tiempo necesitaríamos para sustituir una máquina crítica?

¿Podríamos continuar trabajando desde otra ubicación?

¿Tenemos proveedores alternativos?

¿Cuánto perderíamos por cada mes de paralización?

¿Podríamos seguir atendiendo a nuestros principales clientes?

Responder a estas preguntas permite determinar qué riesgos debe prevenir la empresa, cuáles puede asumir y cuáles debería transferir a una aseguradora.

Para particulares: proteger el patrimonio también requiere revisión

El mismo principio se aplica a una familia.

No basta con tener un seguro de hogar. Es necesario comprobar si el capital del continente y del contenido corresponde con el valor real, qué daños están cubiertos, qué límites existen y qué ocurriría si la vivienda quedara inhabitable durante un periodo prolongado.

También conviene analizar si existen otros riesgos patrimoniales o personales que podrían afectar seriamente a la economía familiar.

Una buena gestión del riesgo no consiste en contratar todos los seguros posibles, sino en decidir qué pérdidas podemos asumir y cuáles debemos transferir.

Prevenir, proteger y asegurar

El aumento de los fenómenos naturales obliga a adoptar una visión más amplia.

El seguro es fundamental, pero no sustituye a la prevención.

La gestión adecuada debería combinar tres elementos:

Prevención, para reducir la probabilidad o las consecuencias del siniestro.

Continuidad, para saber cómo reaccionar y recuperar la actividad cuando el riesgo se materializa.

Transferencia aseguradora, para que aquellas pérdidas que podrían comprometer nuestro patrimonio o nuestro negocio sean asumidas, dentro de los límites contratados, por una aseguradora.

EIOPA está poniendo cada vez más énfasis precisamente en esta combinación entre prevención y aseguramiento como herramienta para reducir la brecha de protección frente a las catástrofes naturales.

¿Está correctamente protegido tu patrimonio o tu empresa?

Esta es probablemente la pregunta más importante que deja la noticia ya que no se trata simplemente de saber si tenemos seguros.

Se trata de conocer qué riesgos tenemos, cuánto podríamos perder y qué parte de esa pérdida estaría realmente cubierta.

En SCV Gerencia de Riesgos ayudamos tanto a particulares como a empresas a analizar sus principales exposiciones y revisar si sus seguros están correctamente dimensionados.

En el caso de las empresas, este análisis puede formar parte de un Plan de Gerencia de Riesgos, identificando los riesgos que pueden afectar a la actividad, evaluando sus posibles consecuencias y definiendo medidas de prevención, continuidad y transferencia aseguradora.

Y tanto para empresas como para particulares, revisamos las pólizas existentes para comprobar capitales, coberturas, límites, exclusiones y posibles carencias, comparando alternativas entre distintas compañías aseguradoras.

Nuestro objetivo no es contratar más seguros, sino que cada cliente tenga correctamente protegidos los riesgos que realmente pueden afectar a su patrimonio, su familia o la continuidad de su negocio.

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